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Gente




Entre tanta gente pasando a diario por mi calle, fisgones por la ventana, los que intentan forzar mi puerta, los que vigilan día y noche, los que mandan cartas anónimas por debajo de la puerta, los que dejan regalos en el árbol del jardín. Entre toda esa gente desconocida, yo sigo sola. Mirando por las ventanas luminosas de gente que yo tampoco conozco y que no me atrevo a saludar por la calle. Gente que camina sonriente y otra con trajes sicodélicos. Gente con lenguaje raro y de puntos suspensivos, con un idioma secreto que a mi me hace nudos el cerebro poder comprender. Gente, en fin, a la que ignoro totalmente y de la que veo solo lo que desee mostrarme, sin forzar la llave de su cerradura, solo esperando afuera, que un día a mi también me permitan entrar.

Gente, multitud de gente, pasando por mi lado, que no vuelvo a ver. Gente que ya ha pasado y quienes a veces extraño y coloco sus retratos sin ojos en mi pared desnuda. Gente con sus hogares de cortinas abiertas, para que yo observe su diario vivir y me detenga a verlos alguna vez.

Y paseo por el vecindario blogger a plena madrugada y veo esas reuniones animadas, círculos de amigos, fiestas de gente hablando a voz en cuello. Discusiones de política, discusiones sobre poesía. Gente que muestra sus fotos, sus pinturas, su arte de lápiz y papel. Aquellos que intentan despertarme con su música estridente, con sus películas extrañas. Y yo paseo de madrugada y nadie logra convencerme para quedarme mas que solo un momento al pie de su ventana. Porque no me interesa forzar mas puertas, si yo tampoco abro la mía.

Y contemplo a mis amigos, silentes como yo, deambulando como fantasmas en esas madrugadas de insomne, con canciones envolviendo sus pasos. Con su universo luminoso oculto en ese corazón del que creo ser huésped algunas veces. Pienso en los pocos que son , pero son, por un breve instante siguen siendo. Aquel que dijo que escribiría un post para mí si yo moría antes que él; ese otro que me incluyó en su lista de invitados al velorio; esos que me han tendido la mano sin pedirme nada a cambio. Esos de los que guardo la seguridad de su presencia dentro mío. Porque no me abrieron la puerta, solo salieron a la vereda y siguieron caminando conmigo, para que ya no tenga miedo en esas madrugadas de desolación. Para que ya no tema ser solo yo, sin personajes de por medio, sin una casa a donde quieren entrar todos, solo yo y mi pantalla luminosa en medio del corazón.

Y la madrugada se enciende de luces de colores y yo me siento en la vereda, donde ha dejado de pasar gente y brindo con mi taza de café en la mano por aquellos que aun no se han ido y a los que no deseo dejar ir.
***Oleo: Gente del desierto
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