Monday here


Hoy me levante tarde y baje riendo, acordandome de cierta anécdota que planeaba postear aqui, en donde escribo mis recuerdos y vivencias, hasta que se sequé todo de mi mente y de mi alma y pueda irme sin ninguna deuda pendiente de este mundo feo. ¿Acaso es malo desear que quede algo de mi de mi paso por este mundo, que no sea susceptible de ser devorado por los gusanos?
Bajé y estaba algo risueña, aun sin peinar y sin bañarme pero con ese gusto a la vida de tener una mañana soleada, sentir la brisa del mar y poder tener tiempo para escribir a gusto. Durante el fin de semana me habia estado preguntando que quería de mi vida y al margen de las típicas contestaciones de que quiero hacer una maestría, una especialización, irme del pàís a trabajar fuera por algun tiempo, tener un cuerpo hecho a mano y tener una bañera para mi sola...pensaba en que cosas realmente quería hacer para mí. Hace mucho tiempo había dejado mi sueño de dedicarme al diseño en el baul de los recuerdos, la fotografía me atraía por momentos mas que escribir y el hecho de poder dedicarme a bailar con alguna pareja de baile que si sepa moverse con pasos profdesionales, eran tres de mis aspiraciones no lucrativas para este nuevo año sabático obligado.
Estaba en esas cuando recibí la carta, su carta.
No sé si me sentí enojada, deprimida o burlada. La verdad ninguno de esos sentimientos fue muy intenso, probablemente la única reacción fuera darme cuenta que el hombre del que me habia enamorado hace un par de años tenía una total falta de sentido común y que lo mejor que podía haber hecho es no permitir que el destino juntara a dos personas tan necias como nosotros. Terminé hasta la última línea en donde me relataba su larga semana con otras personas y pensé en que excusa debía dar por si me llamaba de nuevo para terminar de contarme sus hazañas venciendo a la soledad. La verdad ya no teniamos nada que hablar, hace mucho que el proyecto de un viaje juntos para vacaciones, era lo único que nos unia. Hace tiempo que nos mentiamos mutuamente planeando un reencuentro que nos pudiera hacer abandonar el tedio de vivir estas vidas de juguete.
Lo extraño fue que no le deseaba ningun mal, de cierto modo, le deseaba el bien. Pensé si no estaría ocurriendo alguna sinapsis extraña en mi, que ultimamente ya ni puedo detestar a la gente. Que ultimamente solo espero, que a la gente a la que creí amar en determinado momento sea mas feliz que yo, que solo deseo que les vaya bien y logren encontrar como yo, la llave que buscan para alguna felicidad futura, incluso con otras personas. Incluso sin mi a cuestas. Será, que el saberme por momentos miserable, me hace entender que no sirve de nada desearle la misma miseria a otro ser, mas aun cuando se le tuvo un gran cariño o se le llegó a conocer en planos menos superficiales que la charla cualquiera.
La verdad quisiera odiarlo, pero ya ni para esa intensidad me da el corazón. Es mejor olvidarlo todo y que algun recuerdo amañado de buenas intenciones me refresque su presencia de vez en cuando, si logro ver alguna foto juntos o en una canción, recuerdo ese enamoramiento en que me moría por volver a tener su presencia cerca mío y poder decirle palñabras que ahora no puedo ni hilar en la mente sin sentirme boba al comprobarq ue ya no las siento.
Antes pensaba que si aun te interesaba el bien de la persona que amaste, era porque tal vez aun seguias amandolo con una parte de ti. Creo que ya no me da para esa intensidad, me he vuelto como cualquier misionero predicador de fe: Camino en harapos esperando que los demás hallen vestidos. No es cuestión de bondad, solo es desear para otros lo que no se puede aceptar para si mismo.
Es una mañana soleada, me dare un largo baño y planeare el viaje de vuelta. Es momento de llenar la maleta y volver a irme.
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