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Diario de una Perfecta Desocupada


Es 5 de mayo, hace un año esta fecha marcaba el inicio de mi año sabático. Había vuelto a la casa de mis padres y me instalaban en uno de los cuartos para visitas, esperando que me quede para siempre. Mis padres suelen celebrar esta fecha como mi cumpleaños falso, dado que aunque no nací hoy así figuro ante la ley gracias al olvido de mis padres y su vida rocanrolesca.

Llevo una semana aquí y ya me he hecho mi propia rutina de desocupada. Amanece para mí a las 9 de la mañana, en general con una migraña producto del sol dándome en los ojos, por la rendija de la cortina. Me desenredo de las sábanas y demás almohadas con los que haya peleado durante la noche y bajo a desayunar. No hay nadie que desayune conmigo, así que tomo el café rápido y sin acompañamientos de carbohidratos, en vista que ya no tengo energía para recuperar. Subo y me doy una larga ducha de agua tibia, apoyada en la pared del baño, porque el sedante de la medicación antimigrañosa me laxa hasta no poder pararme. Me agarro de las llaves de los grifos e intento despertar. Luego me pongo crema en el rostro, me hago una cola de caballo sin peine previo (nunca me peino) y bajo con alguna ropa que no esté arrugada.

Hace dos días que no tengo ropa interior y me da ocio lavarla “separada de la ropa blanca, con shampoo y que sea secada bajo sombra”. Cualquiera diría que mis calzones son un hijo mas, milagro que en la etiqueta no dicen “talqueelo y apapáchelo después de lavar”. Así que me revelo contra el sistema y decido no usarla hasta que tenga el valor de comprarme algún bóxer de hombre que no necesite tanto cuidado.

Me conecto a la pc a eso de las 10 u 11 de la mañana, entonces reviso rápidamente todos los correos cortitos con los comentarios acerca del blog. Algunos me hacen reir, otros tengo que pasarlos bajo un traductor mental, para poder descifrarlos. A veces la gente olvida el castellano y se inventa su propio idioma de simbolismos para hablar de lo que ellos llaman “literatura”…joder! Si supieran que esto que escribo solo es un diario cibernético.

Luego me conecto a los mensajeros, casi siempre hallo amigos con los que hablar, me paso hasta mediodía comentando mis impresiones sobre asuntos variados y la mar de las veces intrascendentales. Reviso los post de mis contactos bloggers, es rico leerlos. A veces declino a mi “radicalidad” y comento en uno que otro. A eso de la 1 p.m., noto que mi hermana revolotea con su voz molesta, reclamándome de que haga algo por el mundo en vez de andar tanto tiempo frente a una PC, contribuyendo a que la celulitis se apodere de mi trasero. No le hago caso. Salgo y traigo fruta o un vaso de agua. Sigo leyendo, me pierdo entre los blogs de gente diferente. Me han empezado a agradar los blogs escritos por mujeres mayores de 30…no pienso generalizar, pero la mayoría ha dejado la fase punk y escriben con honestidad y con algo de humor “Redoxón” sobre sus paso por este mundo medio perro. Me agrada la gente que escribe sin adornos, mi cerebro y mi corazón entienden mas rápido así y me permite seguirles el paso.

Luego llega la hora del almuerzo, viendo a Isaura la Esclava, para complacer a mi madre. Termino de almorzar y me quedo en uno de los sillones sin hablar u ojeando algún periódico. Me voy a mi habitación y me tiro en la cama aun desordenada, con mi maleta llena de la ropa que traje de Lima. Veo el corsé rosa y recuerdo con risa y vergüenza como se abrió en plena calle al quedar atrapado uno de los lazos en la puerta del taxi del que bajaba y tuve que pedirle a un policía de Barranco que “por favor me lo amarrara” obviando el detalle que la pechonalidad se me rebalsaba por el desperfecto con las amarras del maldito corsé.

En la tarde me voy a pasear en bicicleta o a caminar a la placita. Cuando vuelvo sudada y con la mente en blanco vuelvo a meterme a la ducha y me pongo a escribir algún post descabellado sobre lo que reflexioné durante mis paseos diarios. Me apoltrono de nuevo frente a la computadora y hallo nuevamente gente conectada, me río, hablo, peleo con ellos todo vía MSN. Luego viene mi padre a sacarme de su computador, cigarro en mano y con la excusa de resolver su crucigrama. No me engaña, viene a jugar solitario, del que se ha hecho dependiente hace algunos meses. Lo ayudo con su crucigrama y me entero de la vida de Enrique VIII, de quien filmo tal o cual película, de quien escribió tal o cual libro. Se va y todo el salón ha quedado con su humo de cigarrillo, incluso las teclas con cenizas.

Para las 10 de la noche todos se van a acostar y me puedo tomar la taza de té frente al computador, leyendo con calma los e-mails enviados al correo oficial para responderlos como es debido. Se conectan mis amigos de otras latitudes, pongo la cámara para que no crean que me he ido, mientras estoy respondiendo los correos. Me olvido de que tengo la cámara puesta y me jalo el pelo o hago gestos de sorpresa mientras escribo.

A veces para perder el tiempo juego a mostrar algo de mi piel, a subirme el polo y mostrar el rollo, a enseñar mis pies, a fotografiar mi tatuaje con el VP-eye. Incluso ayer, alguien me dijo que estaba flaca! Wow...no lo podía creer, asi que le tuve que enseñar el Michelin de mi ombligo para que se diera cuenta que era una equivocacion cibernáutica.
Me olvido que el audio de lo que estoy oyendo es compartido y dejo que descubran que ando oyendo a Daniel F o a Bumburi, porque es lo único que hay de decente en la PC de mis padres llena de “éxitos bailables” y recopilaciones de rock ochentero, grabadas por mi hermano.

Para la medianoche incluso los amigos se han ido. Todos los que son esclavos de la computadora durante el día desaparecen a la noche y me dejan a mi y mis hábitos de ocio desperdigarnos en ideas tontas que plasmamos en el blog. Así que me quedo sola navegando por la red, escribiendo a los amigos, dejando rastros a los no amigos, acomodando fotos recién tomadas, webeando.

Me doy cuenta que son las 3 de la mañana y le he jugado una mala pasada a la melatonina y al ciclo circadiano hormonal que mantiene joven a la piel de la gente que duerme cuando el sol se oculta. Subo a la habitación, reviso el celular: No hay mensajes.

Me quedo soñando con todo la gente con la que he hablado durante el día. No envidio su vida, pero a veces yo también quisiera dormir cansada a la noche y dejar de pensar en el futuro y la felicidad esquiva. Poder dormirme sin sueños.
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