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Cuento Sucio ( parte 18 )

Los días pasaban con tedio en el Edificio de las Nazarenas y Eduardo veía gotear el tiempo junto a su ventana más pesado que siempre. Era extraño que al salir fuera de la cama de Pilar todo hubiera vuelto a ser tan soso como antes, ningún ruido que perturbara el silencio de la tarde, ningún divertimento en verla trotar agitada en medio de la bruma de la madrugada, cuando él salía temprano. De pronto toda sorpresa se había acabado y el polvo se asentaba de nuevo sobre los recuerdos viejos. Otra vez a sentarse a ver los peces de colores en la pecera enorme, otra vez ordenar comida china, otra vez soñar con Andrea.

El recuerdo de Andrea comenzaba a devorar cualquier cosa que tuviera entre manos, su presencia lejana comía los minutos de realidad, comía cualquier esperanza de retomar las riendas de su vida, lo dejaba en una ficción inanimada de cosas que parecían haber perdido cualquier importancia para él. El recuerdo de Andrea lo absorbía tardes enteras dejándole la mente en blanco. Y sin embargo algo que Eduardo no podía olvidar, en los días que siguieron al encuentro sexual con Pilar, eran aquella piel suave bajo los cabellos enmarañados, aquella boca abriéndose y cerrando como el beso de un pez que tragaba toda su atmósfera líquida de lágrimas por derramar.
Pero lo que más recordaba Eduardo, era la voz de Pilar a mitad de la noche susurrando “sálvame”. ¿ que significaba aquello? ¿ de qué debía salvar a Pilar, excepto de si mismo? Eduardo se sentó a mirar nuevamente las aletas de los peces moviéndose en la oscuridad y prendió otro cigarrillo hasta que Guillermo llegara y le dijera cualquier cosa que lo despertara de aquel tedio.

Probablemente había sido mala idea cambiar de objetivo, tal vez aquel político propuesto por Almerón era el único indicado para conseguir el dinero que faltaba a la organización. La familia Rondón no pagaría por recuperar a alguien como Pilar que ya parecía muerta en vida. Todo en el apartamento de Pilar olía a olvido, como si el tiempo se hubiera detenido en ese piso de madera, de lámparas de colores naranja y música suave. Tal vez por eso aun seguía sola- se decía Eduardo, por ese aire de muñeca de salón que no puede ser vista mas que en vitrina y ser así admirada desde el misterio de su lejanía. Pero él había logrado ver a Pilar de carne y hueso y no era ni tan mala, ni tan dura , ni tan fría, como quería aparentar, tal vez sólo era demasiado frágil…solo mujer y nada más que eso.

Guillermo vendría y hablarían del tema; definitivamente Pilar no era tan buen objetivo como había pensado… o si? Carajo! había algo en esa mujer que le recordaba a si mismo¿ quién era él para decidir sobre su destino? A lo mejor y hasta loca se quedaba!
Toda la siguiente semana posterior a lo sucedido, no había vuelto a ver a Pilar, ni a oírla en la cita diaria de cánticos de las 8 de la noche. Es mas no se le antojaba volver a verla y sentirse responsable de su emperramiento o su histeria futura. Es que hay mujeres que esperan algo mas del sexo- se repetía Eduardo- y hay otras como Andrea, de las cuales simplemente se espera todo.

Eduardo cerró los ojos y pensó en Andrea y su mirada de cielo, su coquetería innata, su cabello negro, su piel translúcida de venas azuladas, sus tobillos afinados…su, su…mierda! Eduardo llevaba una semana en ese ejercicio mental y solo se le venía el cuerpo de Pilar a la mente, Andrea de pronto era un recuerdo borroso y agridulce y Pilar en cambio una imagen que refrescaba cualquier idea nostálgica, una mujer con carne, sangre, tendones e incluso alguna que otra lágrima a mitad del amor. Eduardo se había pasado esa única madrugada juntos, viéndola dormir flexionada sobre si misma como criatura recién nacida, murmurando “sálvame”, “sálvame” en una súplica que él no lograba entender siquiera.

Guillermo llegó y halló a Eduardo sentado con la cabeza tirada para atrás y las rodillas sobresaliendo en el sofá bajo, que parecía demasiado pequeño para su cuerpo.

- ¿Qué hay Eduardo?- saludó- revisé el historial del juez Rondón, ese viejo no tiene tanta plata como creíamos, pero puede salir bien después de todo
- Lo he pensado mejor, aun tenemos tiempo para planear lo otro, no creo que éste asunto con pilar vaya bien.
- Uyuyuy…ahora hasta la tuteas…¿Qué pasó? ¿ por qué el cambio de planes? Pensé que te daba miedo meterte nuevamente con políticos y ahora prefieres eso que meterte con Pilarcita…
- No me jodas! Te hablo desde el punto de vista económico. Revisé sus cuentas, su patrimonio personal no es tan grande y el de su familia tampoco, no creo que suelten tanto dinero por alguien así. Llevo seis meses aquí y nadie ha venido a visitarla, no sale ni los domingos, a lo mejor y su propia familia ya la da por muerta.
- Eso nos conviene por si pasara algo…
- No digas huevadas, lo peor que nos podría pasar sería que se nos pase la mano con una Fiscal
- En eso no es tan diferente al parlamentario elegido por Almerón, incluso ésta tipa ni hombres de seguridad tiene, ¡bocado más fácil imposible Eduardo! Tu mismo lo dijiste! ¿Qué te pasa ahora?
- Nada, solo que es mejor cambiar de planes, si eso nos va a dar más dinero.
- Hmmm…bueno, pero entonces tendríamos que volver al plan original y hacer uso de mas gente…nos llevaría mas tiempo Eduardo
- Pero es más seguro, no quiero tener que desaparecer de aquí con Pilar a cuestas, no quiero dejar rastros
- ¿Y quién te dijo que tu desaparecerías con la cojuda?¿ Es tu nuevo método? ¿ o ya no confías en nosotros?
- No digas huevadas, Guillermo, que ya pareces mi mujer con tanto reclamo sobre lo que hago o digo. No quiero que metamos a Pilar en esto y punto! Esa no nos sirve!
- Bien, bien…por mi no hay problema, dejamos el asunto de “tu Pilar” ahí. Ah, por cierto hablando de “tu mujer”, parece que volvió...
- ¿Qué dices?
- Andrea, pues, volvió...
- ¿Cómo lo sabes? ¿ te llamó? Habla Guillermo, carajo! ¿Ella te llamó?
- No. La vieron entrar al país por Bolivia. Volvió de España hace un par de semanas, parece que se unió a la gente de Montes nuevamente.
Eduardo se quedó callado y con los ojos puestos sobre Guillermo en una actitud de asesino.
- ¿Qué te pasa Eduardo? Cualquiera diría que pensabas que ella volvería por ti

- ¿Dónde la vieron? ¿Aquí en Lima?- Eduardo tenía la cara crispada y los labios pálidos e increpaba a Guillermo con su mano enorme de falanges filudas y nudillos brillantes.

-No, en Iquitos, en una de las casas de Montes. ¿ que carajo te pasa Eduardo? No pensarás ir a a buscar a esa cojuda no? Porque si es así nos jodes a todos, no te metas con las cosas de Montes, ya sufieicientes problemas tenemos!

-Las qué? Andrea no le pertenece a Montes, no le pertenece a nadie, mas que a mi...

-A ti? A ti? Entonces dile que nos devuelva la plata que se tiró de la última operación, pues huevón! Buen papel de cojudos hicimos todos! Cómo no sea para vengarte, mejor ni la busques, huevón!

-Ese solo es asunto mío- dijo Eduardo apretando los dientes y salió del departamento dejando la puerta abierta tras suyo.



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