Pasear en Bicicleta


Esta tarde salí en bicicleta. Me fui a la playa pedaleando los 10 Km. que nos separan a mi y al mar. Pedaleé con las piernas encogidas y rígidas, desacostumbrada a mi vieja bicicleta y sentí el viento en mis oídos silbando la canción de la libertad y de las alas prestadas que me hacían feliz mientras crecía.

Tomé mi bicicleta roja y me fui por la autopista sin pensar en nada, sintiendo el aroma pueblerino en la nariz, su perfume de pan saliendo del horno y de fruta madura que se vende en carretas. Me fui perdiendo por la carretera negra hasta llegar a los campos verdes, a la acera de cañaverales que no son apreciados cuando se viaja en auto. Me fui adentrando en mi propio cielo de recuerdos escondidos y me encontré.

Ante mi pasaban imágenes de mi infancia inocente, de la confusa y dolorosa adolescencia, de la juventud en viajes en auto con la cabeza apoyada en el vidrio, esperando llegar pronto a donde sea pero llegar. Y recordé personas y cosas que he leído de ellos. Iba escribiendo mientras pedaleaba y sonreía por sentirme libre y en paz como hace mucho no me sentía.

Paralelo a mi iba el mar como una línea azul salpicada de espuma, entre el y yo los campos sembrados se mecían con el viento, cada hebra verde de tierra cultivada era peinada por esa brisa salobre que ahora también me peinaba a mi. Iba en mi bicicleta e imaginé como sería pedalear acompañada de aquellas personas que quiero, pero era inútil, del infierno se sale de uno a uno y cada quien a su tiempo. Esa tarde yo tenia permiso para salir de mi melancolía e ir a pedalear sola y ser feliz. El resto de gente me tendría que esperar en casa.

Llegué a la playa cuando el sol caía detrás de nubes rosadas en un cielo borroneado de gris y azul; y me quede con la piel húmeda sentada en la vereda, viendo las embarcaciones pescando en el horizonte, las gaviotas chillando en el cielo, el mar encrespándose y serenándose en cada ola. Sentada allí estaba en paz, todo el mundo en equilibrio, la arena tostada enfriándose al caer la noche, el océano salado, las gaviotas alineándose en la orilla, el sol muriendo a los lejos y yo.

Tanto tiempo intentando irme de aquí, tantos dramas para irme a algún lugar de ensueño de la mano de alguien a quien amar y ahora todo estaba bien. Nadie podría entender lo que yo siento cuando me pierdo entre los campos verdes, en la pista desierta, en la playa solitaria. Nadie me podría acompañar en esto. Yo tengo la llave de mi ansiado equilibrio. Por algunas horas dejé de temer a mi habilidad para perder a la gente que amo y volví a estar en paz. Luego tomé la bicicleta de regreso a casa y supe que a pesar del viento en contra todo estaría bien.


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