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Charlas de Viernes

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Hace tiempo que no me tomaba un café contigo, sin nadie cerca, solo contigo. He estado de mal ánimo estos días, la semana me parece que hubiera durado un millón de años.

A veces siento que viviera las mismas cosas miles de veces pero en momentos diferentes, como pasar por espirales que solo cambian de lugar y de rostro, pero son los mismos eventos maquillados de alguna nueva palabra.

Yo siempre trato de olvidar esos tiempos en que conocía mujeres de mi edad con una hipocresía heredada por generaciones que las hacían arpías ya a temprana edad. Nunca pude adaptarme por que las reconocía a distancia, trataba de no pensar mal pero siempre acertaba. Vidas huecas llenándose por rumores de terceros, por chismes manoseados, por toda esa vida de telenovela que sirve para atizar la hoguera de vanidades que rodea a la gente que solo se educa con textos de letras grandes y figuras coloridas.

Parece que siempre caminara por las mismas espirales y reconociera a la misma gente parada en sus esquinas, disfrutando del chismorreo de viejas, despotrincando contra terceros para levantar un poco ese ego venido a menos que puede insultar frente al espejo. No me llames mala ni mordaz, porque mis palabras palidecen ante las frases de los otros. Porque a veces me creo mala, pero hay que ver de que están hechas las glorias de otros. Yo a veces me llamo fea, pero pobre de aquel que se diga bello sin serlo o culto sin ni siquiera parecerlo o buen amigo si a la primera vuelta de espaldas ventila los defectos de aquellos a los que antes adulaba.

Pero bueno, la gente se rodea de aquellos que desea. Difícil que alguien se regodee con rumores, si no hay alguien mas para producirlos y debo decir con pena, que esa labor no es exclusiva de las mujeres, sino también de muchos hombres. Especialmente de aquellos que mas se sienten afectados con las declaraciones públicas que asumen como teledirigidas. Aquellos que se dan por aludidos a la primera de moños. Hablar de los otros y engrandecer como hazañas pequeñas escaramuzas, no es entonces exclusividad de algunas mujeres, sino también de muchos hombres.

Podrías pensarq ue estoy de mal humor y tal vez sea cierto, pero sobre todo me hallo decepcionada. Me había topado antes con personas cínicas, pero dado que me alejara de todo el mundo llegué a pensar que esta vez estaría tranquila, sin tener que toparme con la gente de siempre, las mujeres de cabezas huecas, los hombres de bocas enormes. Pero heme aquí nuevamente equivocada y te diría mas, pero la verdad ya no importa. Es increíble como todo pasa y las olas que parecían mas grandes se pierden en la orilla sin llegara dañarnos.

Debo aprender a confiar menos en la gente, como me dijo alguien. Vamos! No podría ser mas desconfiada, reposo en el anonimato para no tener que aguantar las acusaciones de algun paranoide que crea que soy quien no soy. Evito leer cosas que me hacen daño o que poco enriquecen mi vida, trato de caminar sin hacer mucho ruido. Pero la gente no se conforma y pretende perturbar desde sus plateas de ignorancia, con todos esos ruidos que hace la gente que no sabe nada y cree estar por encima de todos. Toda esa gente, LA GENTE.

Y claro, es mejor pasar de largo, ignorar el ruido, seguir tranquila. Estar en silencio. Pero ¿por qué callar yo, si no tengo de que arrepentirme? Que se callen las mujeres que dan puñaladas en las espaldas a sus amigos, las que ventilan sus amoríos como si fuera un orgullo, los hombres que dicen rechazar lo que jamás les fue servido, aquellos que viven del chisme barato para tener una charla interesante. Que se callen ellos, que tengan un poco más de respeto a la gente a la que no le interesa saber de sus vidas, sus viajes, sus acosos y paranoias de seudo famosos. Los que aun podemos hablar, hablemos. Los que viven en el rumor desde siempre, que vuelvan a sus esquinas de vieja, a su Comunidad de “pásame la manty”, a esa forma patética de escribir sin gracia una vida que se coagula en el aburrimiento. Yo paso.

Por eso me tomo este café contigo. Esta semana ha sido dura por cosas que no vienen al tema. Eventos de la vida real solucionándose de a pocos. Ahora estoy tranquila y sin penas, escribiendo desde el exilio. Leyendo solo cosas que me hacen bien, viendo solo lo que quiero ver. Separando mientras pueda la paja del trigo, aunque me sangren las manos en eso.

Se que me aconsejas que elija mejor a mis amistades, pues el ego de un hombre es inversamente proporcional al tamaño de su boca. Lo sé, no tienes que repetirlo. Pero a mi edad no pensé que volvería a tropezar con fabuladores de ambos sexos tratando de volver sus vidas interesantes mencionando los nombres de terceros. Bien dicen, que nunca se termina de aprender.

Me acompañas a caminar con un café en la mano? Ya sabes como me encanta caminar bajo cielos nublados y garúas silenciosas.
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