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Despertar en un barco

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El día es diáfano y brillante, pero me ha costado trabajo despertar. Me encanta el contacto de las sábanas y dormir llena de almohadas en la cama. Antes mi habitación olía bien, ahora he vuelto a sentirme una huésped en la casa de mis padres.

Cuando decidí volver a irme, quité todas las bolsitas de popurrís que ponía alrededor de la cama y me llevé mis frascos de perfume. Aquí solo dejé la ropa de verano y algunos de los pantalones que solo uso para la casa. Mi habitación ya no huele tan bien, pero al menos se que estoy en casa. Es otra sensación abrir la puerta y sentir el sol cayendo en el balcón, quedarme en la puerta desperezándome hasta que se me ocurra ir al baño.

Cuando me levanto, tengo la sensación de que acabo de salir a la cubierta de un barco. El ala de la casa donde vivo, está separada del resto por un largo balcón donde el sol calienta hasta el mediodía. Antes allí había geranios rojos, que se secaron cuando todas las hijas nos fuimos a vivir lejos y mis abuelos murieron. Creo que mi madre descuidó esa parte de la casa, donde solo comenzaron a habitabar fantasmas. Debió ser triste ver esas habitaciones vacías y soportar los inviernos en que nadie iba a verlos.

Yo a veces volvía y hallaba mi habitación cada vez mas extraña y vacía. Estaban mis muñecas, alguna ropa, zapatos, mi cómoda con ese espejo mágico que podía doblarse en tres partes y al ponerme a la mitad me hacia reproducir en varias otras yo. Pero a esa habitación le seguía faltando yo y mi desorden. Yo ocultándome en el ropero a leer para que pensaran que me había ido de casa. Yo y mis botines nuevos. Yo y todo eso que dejé sin darme cuenta cuando terminé el colegio.

Pero hoy no deseo hablar de recuerdos, algunos son demasiado tristes. Quiero hablar de mi casa con varios balcones como cubierta de barco dando al jardín artificial del primer piso y que hoy amaneció tan soleado, que olvidé que era invierno y que debía cubrirme con ropa gruesa, que debía protegerme del mundo. Esta casa llena de escaleras a un mismo sitio con puertas que se abren a ninguna parte y ventanas a espacios escondidos.

Una casa como laberinto, como decian mis amiguitas. Mi casa, mi única isla a salvo de todos.

Hoy me paré en la puerta de mi habitación con el pijama melón y la cabeza despeinada, e imaginé que si abría los ojos estaría todo el océano frente a mí. Toda esa brisa, esa libertad extraña, que a veces me vuelve presa aquí y sin ganas de volver a irme. Abriría los ojos y estaría navegando en un mar infinito de azul y verdes brillantes en medio de ese silencio ensordecedor que da el mar

Hammer in the island, suele decir A. cuando le digo que volví a casa de mis padres. Sin embargo hoy no me siento en una isla. Sino en un barco, en un hermoso barco de cubiertas vacías para que yo pasee a solas imaginando que el mar está tan cerca como tu recuerdo.
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