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Los Disfraces

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La gente no es lo que es, sino lo que dice ser…

Debería ejercitar esa frase en mi mente, vender la idea de lo que soy aunque no lo sea.

Pero me resulta difícil ese asunto de parecer mas de lo que soy y hacer creer algo que aun no soy.

Toda mi vida ha sido así. No entro del todo en el personaje y la gente cree entonces que no estudié bien mis líneas…

Recuerdo una tarde a mitad de la visita médica, me retiré para ir a ver a uno de mis pacientes que estaba grave, llevaba semanas hospitalizado por una insuficiencia hepática que lo estaba matando y por su pobre condición económica había sido difícil conseguirle los medicamentos para mantenerlo hospitalizado.

Mientras caminaba por el pasadizo, alguien gritó que el hombre había hecho paro. Corrí a la habitación de mi paciente y efectivamente el hombre había fallecido durante nuestra visita por el otro sector.

Antes que me pudiera acercar a constatar sus funciones vitales, vi a uno de mis compañeros menos brillantes entrar corriendo, empujar a todos, subirse en la cama del paciente y hacerle resucitación al puro estilo E.R. Llamaba al anestesista, gritaba, hacía todo un show digno de televisar y las enfermeras le seguían la corriente, sin entender bien para qué.

En la pequeña habitación todo se comenzó a poner gris oscuro y solo una luz enfocó a mi compañero haciendo una mala maniobra de resucitación, mientras pedía adrenalina, como si a esas alturas fuera necesario. Todos los demás desaparecimos, incluso el paciente.

Yo era una espectadora mas. Había sido mi paciente por casi un mes y yo no alcancé a hacer nada. Solo a ver el show de alguien que no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo. Y a quedarme paralizada sin decir nada por detener esa absurda manera de volver la muerte de alguien un espectáculo.

El paciente ya había fallecido, no había nada que hacer. Pero él se quedó a hacer el show. A la salida de la habitación, los familiares le agradecían el esfuerzo por mantenerlo vivo. Yo me quedé atrás con los guantes sin utilizar en la mano, pensando si acaso hubiera sido mejor hacer ese tipo de maniobras que la gente espera de un verdadero médico.

“Habrá que declararse incompetente en todas las materias del mercado…”

El otro día estuve en una exposición de la escuela de arte. Veía los bocetos de cuerpos desnudos en la pared, los trazos, los rostros a la mitad y me quedaba maravillada ante el arte que tienen otros. Como me hubiera gustado nacer con ese don especial, con esa habilidad para plasmar en realidad todas las imágenes que nos parecen bellas.

Debo declararme ignorante en ese aspecto. Solo capaz de notar alguna belleza, aunque no con el suficiente tino para plasmarla. Pero creo poder reconocer a quien si sabe hacerlo. Eso debe bastarme.

Así como puedo leer algo y saber que me gusta, que quisiera leer mas de eso y declararme entonces: incompetente. Decirme a mi misma que hay gente que escribe bien y otra que solo dice que escribe. Pintores que lo hacen bien y otros que solo son aprendices.
Diferenciar entre lo que es y lo que dice ser, un ejercicio mas que difícil en un medio en donde todos se autodenominan artistas y la mayoría escritores.

Yo debería aprender la lección de hacer creer lo que no soy y publicar un texto que parezca novela y aunque nadie me lea, poner en mi hoja de vida que si lo soy. Que soy alguien que escribe libros. Ofrecer mi autógrafo, esperar la fama. Hacer creer que incluso, lo hago bien.

Debería aprender la lección y hacer mas aspaviento de cosas nimias, vender una imagen que no soy. Tragarme el cuento. Vivir feliz con eso, vender a alguien que no soy. No sé. Venderme mas al resto, aunque eso signifique de alguna manera regalarme.

Pero no puedo

“Habrá que declarararse un inocente o habrá que ser abyecto y desalmado….”

Que tontería pensar que el mundo es perfecto! Buscar que alguien no mire la apariencia y que sepa abrir la semilla dura para encontrar la almendra. Que alguien venga a ver el espectáculo sin necesitar de ropaje. Que necia soy!
Si al cabo la mayoría siempre mirara el disfraz y no a quien lo lleva y yo tengo el poder que nos han dado a los humanos de coserme siempre el ropaje que desee. Y cubrirme de acuerdo a la circunstancia.

Pero no puedo.

Sabes que no puedo. Porque debo declararme incompetente para vender una belleza que no soy, un escritor que no soy o un médico que no es. Soy la mitad de todo eso y mucho menos.

Pero a veces mi mitad de la verdad suele valer mas que la mentira de los otros y con eso, puedo alcanzar a dormir en paz, aunque tenga siempre que desnudarme del vestido que quieran tallarme y de los bozales que intenten colocarme.



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"Intromisión"/ Borbolla
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