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Mi Primera Porno

Cuando me veo al espejo no logro dilucidar como hubo un tiempo en que todo rasgo de placer me parecía sucio y seguido de un sentimiento de culpa.

No estudié en colegios católicos, mis padres no fueron represivos. Si tuviera que culpar a alguien ante el psicoanalista no tendría por donde empezar. En general yo nací con esa culpa que tenemos los seres humanos sobre los hombros, cuando comenzamos a disfrutar de la felicidad.

Recién a mis 25 años pude gozar con toda libertad de ciertas cosas que antes juzgaba pecaminosas, sucias, vedadas. Recién a los 25 años supe que la mejor terapia para hallar la felicidad es dejar de sentir culpa por ser feliz.

Pero en una sociedad represiva como ésta no es fácil. Son pequeños detalles los que te dan independencia moral. El primer beso en público, la primera vez en un hotel. El primer fin de semana lejos de casa. La primera película porno…

Es gracioso que recién a mis 25 años me haya atrevido a comprar una porno. Pues antes, no sabía ni lo que contenían. Claro, una cosa es ver el canal erótico u hojear en revistas pasadas lo que supuestamente es una “novedad” en el placer carnal. Pero comprar artículos de ese tipo ya era otro asunto.

Recuerdo, que una vez entré a una librería y se exponía el libro recién de Anmoreca, sobre sexo. Yo tenía curiosidad pues había leído una entrevista al tipo y hablaba del sexo tántrico y otras cosas que en su momento me parecieron interesantes. Mientras lo miraba, una de las vendedoras se me quedó mirando con desaprobación. Probablemente tenia unos 20 años y me miraba como diciendo “ahí va otra reprimida”. Era mi imaginación? O realmente me estaba lanzando esa mirada? Salí de la librería y cuando di algunos pasos, me di cuenta que se me antojaba tener ese libro. No por las grandes cosas que dijera, ni por las figuritas (que eran bastante pobres) sino por darle la contra a esa sociedad que de algún modo me había reprimido.
Para esa época yo ya tenía suficientes conocimientos sexuales para no necesitar un libro que me dijera de que manera ponerme, pero la curiosidad ante lo prohibido (representado por los ojos de aquélla joven) me instaban a comprar.

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Cuando hice el pedido, ambas vendedoras se miraron y tenían risitas y ojos sorprendidos. Probablemente por mi aspecto de menor de edad no sabían que hacer.
Saqué mi documento de identidad y procedí a comprar el libro prohibido, que de interesante no tenía nada, excepto la receta para la preparación de unos brebajes comparados a un viagra macerado.

Definitivamente el dar la contra o hacer lo prohibido, no era tan emocionante como me imaginaba.


Hace algunos meses me hallaba en uno de esos periodos en que tenia necesidad visual de aquello de lo que carecía tan angustiosamente. Para mi mala suerte, no podía acceder a un canal que transmitiera algo mínimamente apreciable relacionado al sexo. Fue cuando me decidí a ir de shopping.

Ir de compras siempre relaja, especialmente si vas a uno de esos lugares en donde todo producto pirata es vendido a mitad de precio. Me entretuve algún tiempo viendo ropa interior que no necesitaba y luego fui al sector de videos.

Oh lá lá. Había unos cuantos títulos sugerentes. No me interesaban las pornos- en vista que para ver mucosas dilatadas prefiero mi Atlas de anatomía- pero si me sentía inclinada a comprar alguna película con un erotismo fino, que no mostrara, pero sedujera bastante los sentidos. Allí había títulos franceses, pero todos en la galería de arriba. Cuando me acerque a preguntar, otros tipos acapararon el puesto y me hicieron arrepentirme de mi impulso inicial.

Seguí caminando y cuando casi salía, un puesto que vendía películas de anime japonés me hizo volver a detenerme. Alguna vez ya había comprado películas de ese estilo y quería ver más. Sin embargo al ver que también tenían de otro estilo, algo aguijoneó mis sentidos.

- Y no tienes de las no buenas?- le pregunté al tipo que me ofrecía sus DVD diciéndome que eran de muy buena calidad.

El tonto no entendía. Claro que son buenas, me insistía. Yo comencé a reír y me arrepentí de preguntar. Cuando se fue quedó el dueño del local, un joven bajo de camisa negra y ojos achinados. Tenemos varias colecciones, comenzó a decir mientras yo ojeaba el catálogo para ver las repeticiones de series famosas, que eran lo único interesante del local.

-Tienes “Mad about you”- pregunté al tipo que si parecía saber del negocio.

- No, pero tengo películas no tan buenas…- dijo con una cara tiesa que me asustó por la expresión. Me di cuenta que él sabia de lo que hablaba y que por eso había mandado a su empleado fuera del local.
- ¿De qué tipo quieres?- preguntó con mas cautela, como si me hablara de comprar alguna droga rara.
Yo no sabía que responder. ¿Cuántos tipos había? Bueno, una noción tenía y no me interesaban las que tenían animales... Traté de hacerme la que sabía del “negocio”

- Bien, quiero una suave. No me interesa una porno, quiero erotismo solamente……
- Si, entiendo- volvió a decir él. ¿En realidad entendía? Quise pensar que sí. –Espera, de verdad solo quiero alguna erótica, pero sin mucha cochinada, ¿me entiendes? No me interesan esas historias de monstruos o alienígenas aventajados que muestran las de anime.
- Si, entiendo. Solo quieres las buenitas- Agregó sonriendo, con cara de ser descubierto como fanático de las porno con mutantes.
Luego sacó de una de las gavetas, una que decía kama sutra.


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Bah! Esa ya se que es aburrida, me burlé. No, no es la que te han contado, es otra. Es mas bonita, tiene historia…pero yo ya estaba demasiado avergonzada como para intercambiar historias y preferencias de cine.

La peor parte vino al salir. El otro empleado estaba en uno de los puestos del frente junto a otros 2 vendedores mirándome como si acabara de matar a alguien. Yo les devolví la mirada, retándolos. Ellos siguieron mirando y sonrieron. Sonreían y me miraban, como si de pronto acabara de expandirse una tremenda fragancia de feromona que procedía de mis manos sujetando aquel DVD.

Cuando llegué a casa, me di cuenta que efectivamente era una de las “suavecitas”. Una porno sobre tíos de 50 teniendo relaciones con colegialas. Miré el acné de las mujeres que gritaban compungidas al ser penetradas por el supuesto tío cincuentón y me quedé pensando, si mi esfuerzo de poca vergüenza al comprar pornos me estaba resultando verdaderamente placentero. Lo más parecido al orgasmo que tuve fue querer hacer una receta de Acnomel para las gringas con cutis granuloso y recomendar una dieta hipocalórica para los tíos vibradores.

Ahora me veo al espejo y no logro dilucidar el porqué sentir culpa, si al cabo aquello oculto por el velo de lo prohibido, resulta incluso mas aburrido que los actos en los cuales se incursiona con perfecta libertad.
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