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Ni pan ni Circo

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- Tienes una mirada fuerte
-La tengo? Pensé que mi mirada era la de una boba
-si, tienes la mirada fuerte. Eso me gusta.

Luego nos quedamos callados y yo sigo el resto de la tarde feliz con esa frase suya.


Es tan poco realmente. No se ha acabado la guerra en medio oriente, no aumentó el ingreso per cápita, no disminuyó la pobreza en el mundo.

Sin embargo yo soy feliz.

Esos sucesos del mundo externo desaparecen, mi rostro se enciende, mi mirada se hace larga, el día parece mas bello.

Parece que nunca hubiera estado triste.

- Cómprame esas fresas encarameladas
- pero vamos a comer la torta de chocolate que pediste
- Por favor, cómpramelas. Se ven tan bonitas en ese palito.
- Está bien. ¿Que tal están?
-Deliciosas. ¿Sabes? Creo que soy feliz.

La noche entonces se hace corta, mientras la gente va corriendo a un concierto que no sabemos de quien es. Todo parece tranquilo. Esa noche iremos al cine, pero hacemos tiempo en un café. Yo leo el libro en voz alta mientras él come la torta que ya no puedo comer. De pronto en medio del mundo se ha abierto una brecha de tranquilidad. La gente pasa presurosa, las adolescentes arregladas. Los jóvenes con tatuajes. Ambos parecemos dos viejos que se encuentran después de mucho para leer en un café. Hay paz aquí aunque el resto del mundo se siga fundiendo.

- Oye padre, me han dicho que tengo la piel de durazno.
- Jamás la tendrás como tu madre.
- Pero me dijeron que tenía la piel muy fina y que…
- Ninguna de Ustedes heredó la piel de tu madre. La primera vez que la vi ella
parecía una egipcia…

Entonces veo los ojos de mis padre hablar de cómo se enamoró de mi mamá y siento que la veo cruzar con su traje universitario sin dirigirle una mínima mirada, con el mentón altivo y sus cabellos negrísimos. Ojalá hubiera sido como ella- me quedo pensando, mientras algo de mi se entristece. Mi padre la conoció cuando tenía mi edad.

…Tengo 26 años, debería ya ser pediatra, tener un auto propio. Al menos estar ennoviada. Quizás deba salir del país y olvidarme de lo que creo que soy. Comenzar a trabajar por lo que quiero ser. Tal vez…No sé tengo miedo… mejor me pongo a leer algo, a pintar un poco…No, mejor enciendo la pc, quizás haya alguien, conectado…

Ha disminuido la tasa de mortalidad materna. Abrirán mas colegios, la tasa de analfabetismo se reduce.

Todos esos grandes eventos dejan de tener importancia. Los seres humanos somos tan sencillos. Nos alegramos o entristecemos solo por aquello que ocurre a nuestro alrededor. No importa si en el mundo el nivel de felicidad aumentó para millones de personas. Hay una astilla en el costado que nos provoca tristeza y ese malestar puede ser tan intenso. Tan profundo, tan difícil de soportar…


A veces soy feliz y esas veces son tan pequeñas, tan fugaces, que agradezco a las tormentas que provocaron ese rayo de sol en mi rostro. Sin, embargo a veces no lo soy del todo. Mi rostro puede ensombrecerse por cosas igual de pequeñas. Silenciosos deslizamientos que traen consigo enormes avalanchas que podrían sepultarme si no estoy despierta.

-Alo? ¿Cómo estas?
- Cansado...
- Ah, te llamo porque pensé que mi voz te alegraría.
- hmmm…sonabas seria…
- solo te sentí algo…no se…mal…
-hmmm
- Hablamos otro día
- si, otro día…

El silencio se apodera del auricular. Es mejor irse a la cama, pensando en los pequeños rayos de sol. Pronto habrá que ocultarse para soportar otro largo invierno. Mi felicidad es tan fútil pienso. El mundo se está destruyendo allá afuera y mi felicidad suele ser tan fugaz…


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“Cuando estoy deprimido, las razones por las cuales estoy deprimido son profundas, esenciales, fundamentales. Por supuesto a veces soy feliz. Pero las razones por las cuales soy feliz son tan fútiles, tan tenues, que me deprimen” ( Extraído de Como Librarse de su Psicoanalista- Saint Drôme)

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