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De los Amores que no son

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Una vez conocí a un joven extraño, recuerdo haber sentido comodidad desde la primera vez que lo vi. Alguien podría llamar a esa sensación de libertad: química. Recuerdo que pensé que se podía reconocer a una persona entrañable, cuando los silencios dejan de ser incómodos y puedes respirar sin agitarte. Es como ir a una charla simple y dejar la mascarilla de “quiero que pienses que soy una gran persona” o el casco de D.Vader, señalando que “soy malo y no espero que me quieras”.

Solo vas, te lavas la cara, hablas lo que desees, respiras y escuchas el silencio del otro diciéndote todos los secretos al oído. El beso de brisa marina en tu frente, asegurándote que todo está bien.
Todo se halla en perfecto equilibrio.

Mi amistad con este joven se perdió como una flor que no llega a ver la luz. Una existencia demasiado corta que el mundo perdió de vista por su trajinar de ciegos. Nadie mas que yo vi ese nacimiento y ese morir en un mismo segundo, que puede descomponerse en varias miles de fracciones mas según los ojos que uno tenga aflorando al alma desnuda.

Recuerdo días en que me hubiera gustado retroceder el tiempo solo para que esa amistad llegara a ver la luz y poder disfrutar de nuevo de ese silencio compartido. Recuerdo haberme lamentado enormemente por No Poder Ser Su Amiga.


Muchos meses después, conocí a otro hombre. Si tenía algún miedo de entregar cariño, con él fue todo tan fácil y libre que no sentí miedo al dolor del no amor o a salir herida.
A veces lo que una mujer desea no es recibirlo todo, simplemente poder dar.

Esa capacidad de sentir placer dando amor a manos abiertas yo la había perdido. Cada vez que abría las palmas había un golpe en el rostro retornándome a la realidad y sin embargo esta vez ya estaba curada y no tenía miedo. El me ayudó a curarme. Hay personas que hacen eso por ti, vienen y te curan todas esas heridas que tardarían en cicatrizar solas, sin pedir nada a cambio. Ni ofrecerte mas de loq ue pueden darte, solo se quedan contigo hasta que estés recuperada de todo.
En las fracturas por falta de amor, siempre necesitas el vendaje de alguien más.

Mi amistad con este nuevo hombre se hizo fuerte. No Fue Amor, eso era claro, pero el sentimiento de libertad, compañerismo, cariño, podía suplir todas esa cosas que una relación no puede brindarte hasta mucho tiempo después. Cuando todo terminó y solo quedó amistad como nexo entre ambos, me sentí vacía. Era demasiado reciente. Algo en mí se negaba a ser solo su amiga, pues intuía que me merecía mas que eso.
Merecía que él me diera la oportunidad de intentarlo, desgastarnos, amarnos y odiarnos.
Y entonces se me antojó que hubiera preferido ser la bruja a la que se sintiera atado por una pasión loca, que la amiga que siempre estaría para brindarle una mano.

En esos primeros días, sentí NO como amiga. Sentí como mujer y por tanto algo de mi ego se vio herido. Pensé que a veces las mujeres preferiríamos ser las malas de la historia, esas que son recordadas por siempre aunque sea con dolor, que las chicas buenas que solo son dignas de compartir una amistad duradera. Era algo químico, físico, tántrico...Una joda que no podía definir.

¿Valía mas una pasión fugaz que una amistad que podría durar toda la vida?

Fue entonces que pensé en el joven del que hablé al principio.

Durante muchas semanas después que dejáramos de vernos, algo en mi lloraba el haber perdido ese intento de amistad por una relación carnal que no llevó a nada mas que a olvido. Hubiera dado lo que fuera por retroceder el tiempo y volver a fumar ese aire que solo compartí con él mientras guardábamos silencio. Volver a sentir esa ilusión de que existe alguien similar a ti en el mundo al que no le debes explicar lo que sientes pues sabes que de alguna forma ya lo entiende.

El tiempo ha pasado, no perdona nada. Me lleva a preguntarme sobre el amor y la amistad como si fuera un tema nuevo en el mundo. Me lleva a investigar mis relaciones con las personas por esos caminos tortuosos que hacen acabar una buena amistad en sexo. Una relación que pudo ser amor en amistad. Y un amor que no fue, simplemente en olvido.

¿Por qué es que hay hombres a los que prefieres como amigos a pesar de todo lo buenos que puedan parecerte? ¿Porqué hay otros en los que quieres permanecer como una pasión incandescente mas allá de los límites de la amistad?

Deben ser las circunstancias, pero también debe ser esa naturaleza del ser humano de antojarse siempre de aquello que está en la línea de lo posible/imposible y que del conseguirlo o no dependa nuestra fugaz sensación de felicidad.

Los seres humanos vamos poniendo todo nuestro esfuerzo en esas relaciones infructuosas que nos hacen lanzar la pelota con el ímpetu del que espera pase la valla y no rebote contra nosotros. Como si ese hecho dependiera solo de nosotros.

De UNO solamente.

Pero las relaciones no son un juego simple. Siempre intervienen dos y muchas veces el resultado final no lo define el mas entusiasta sino el que mas paciencia y empeño pone.

A veces llego a culpar al sexo de la ruptura de las relaciones. Es un factor de demasiado peso para una relación que inicia frágil. El sexo debería ser solo un plus sin capacidad de separar a las personas, o por el contrario de unirlas viciosamente.

Esta vez no hablo de amor, solo hablo de relaciones. De dos personas que desean conocerse.

Si, por cada 10 veces que se intente, habrá una sola que pueda ser amor. ¿por qué idealizarlo y perder a la gente que nos quiere? ¿por qué ir corriendo tras un objetivo tan distante como el amor si el camino suele ser mas interesante?

No deberíamos destruir en esa búsqueda de amor, los intentos de amistad, o de complicidad con esas personas geniales que se nos cruzan con suerte una sola vez en la vida. Como un Hubiera que puede resultar doloroso...
Hay hombres como ellos, a los que no llegué a amar y sin embargo quedan en mí como un hubiera, un esbozo de amor que de hecho no llego a existir.

Hoy los recuerdos vienen a mi mente y se esfuman antes que pueda atraparlos, son imágenes difusas, sin rostros ni nombres. Los segundos que duran en mi memoria son frágiles, es entonces que puedo sentir de nuevo el olor del mar junto a mi rostro y la sensación de libertad de cuando te sientas con alguien que puede compartirte sus silencios y te susurra que también disfrutó los tuyos. De cuando el amor sale sobrando, por ser una ilusión demasiado distante.
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