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La Amiga de Laura La Necia

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Hoy vi de nuevo a una vieja amiga. ¿es correcto ese término? Fuimos poco amigas durante la infancia, pero para la pubertad y adolescencia compartimos muchos veranos juntas descubriendo como nuestros cuerpos cambiaban y nuestras experiencias también. Estábamos experimentando un crecimiento paralelo, ella de contextura robusta y caderas notorias, pudo disfrutar mucho antes que yo de mieles puberales, como cartitas anónimas o pretendientes atolondrados. Su cuerpo se había desarrollado mucho antes que el mío que seguía como una espiga longilínea.
Posteriormente fuimos separadas de colegio, ella se quedó en uno nacional regentado por monjas y yo en el particular regentado por los pitucos de medio pelo que abundaban por entonces en la sociedad de la Tierra del Olvido.

Durante todo el año no nos hablábamos, pero al llegar el verano podíamos ir a fiestas juntas, a discotecas y hasta amanecernos en los conciertos de playa. Recuerdo con cariño ese tiempo en que nuestras madres no nos compraban pareos para ir a la playa, pues esos eran para señoritas y nosotras aun éramos unas crías. Íbamos a la playa con alguna otra amiga ocasional y nos envolvíamos en las toallas multicolores con el nudo bien a la cadera para mostrar el detalle de un abdomen que para ese tiempo aun era plano.

Para los 14 años yo fui la primera de mi familia en usar bikini. Era una muestra de rebeldía ante esa timidez congénita y de vergüenza y miedo a las miradas de los hombres. Mis hermanas aplaudían el hecho que no fuera una “monga” como lo habían sido ellas; y mis amigas veían tanto con curiosidad como con envidia el cuerpo que de plano ya no tenia mucho, mostrando unas caderas incipientes y unos senos pequeños que ya comenzaban a crecer bajo la ropa.

Mariana como la llamaré para el caso, no usaba bikini pero ya lucía unas caderas nalgudas, que generaban envidia y unas piernas demasiado carnosas para una niña de 14. A veces, me nacía una envidia oculta al ver sobre sus muslos las miradas de otros chicos de mi edad e incluso de algunos hombres adultos incluyendo a mi padre.

Como en todo crecimiento, esos detalles que nos hacían diferentes nos llenaban a ambas tanto de orgullo como de zozobra. Era molesto volver de alguna discoteca a la medianoche ( solo hasta esa hora nos permitían salir a bailar) y tener que soportar las miradas y llamados de muchos de los chicos adultos que esperaban a las afueras de los locales.
Recuerdo, que ella era siempre mas puntual que yo, probablemente porque le temía mas a su madre. Yo jamás había sido rezongada y creía que mis libertades eran ilimitadas hasta la noche en que mi madre me dio un ultimátum para llegar temprano.
Esa noche al llegar a casa, hallé a mi mamá acostada en mi cama verificando la hora de llegada. Por suerte la buena Mariana había logrado que saliéramos a la hora, a pesar de mis reclamos, pues era sabido que a esa hora recién los chicos se animaban a sacar a bailar y la música dejaba de ser aburrida.

La universidad nos distanció un poco. Esta vez yo iba a una nacional y ella a una privada. Las cosas habían cambiado, yo había logrado ingresar a la universidad que ella no pudo, aunque eso no fue excusa para que todos los años siguientes ella me hiciera bromas relacionadas a mis compañeros nada fashion y su condición social tan “deprimente”. Ella había cambiado mucho, ahora solo hablaba de los autos, de las casas de playa, de los viajes al exterior …de sus amigos. En esos años que seguimos vacacionando juntas pude enterarme de la vida de todas sus amistades, mientras que mi círculo social se veía restringido a los seguidores de trova o punk de la época, que resultaban siendo siempre los con menos vida social.

Ella perdió la virginidad a los 20, cuando yo apenas estaba dando mi primer beso. Luego vinieron los accidentes de auto, las tardes ebria, las orgías en que no recordaba nada. Yo la escuchaba con cierta envidia y mayor consternación. Yo había querido una vida igual de alocada para mi, pero solo me podía conformar con tomar café en el anfiteatro de medicina hasta la madrugada o ir a esas fiestas en que habían mas chicos que chicas y bailábamos como locos saltando y golpeando las paredes con nuestros cuerpos. Yo estaba viviendo cosas mas tontas, que hasta daban pereza contar. Fue por el tiempo que yo comencé a viajar para pasar las vacaciones en Santiago con mi hermana y ella comenzó a frecuentar otros balnearios menos “aburridos”.

La siguiente vez que la vi, había terminado con el novio de 5 años y andaba con un tío cuarentón que le doblaba la edad y al cual sus amigos veinteañeros arribistas, admiraban porque tenía relojes raros y zapatos importados. Yo estaba asqueada, para ese tiempo yo estaba de novia con el primer chico que me había besado y veía al tío medio calvo y petulante mirarme el escote cada vez que mi amiga se paraba para atender el teléfono.
Me dio lástima pensar que las chicas sin presencia paterna como ella siempre buscaban tíos ricos que las protegieran.
La ironía fue que 4 años mas tarde yo me enamoraría de un tío que casi me doblaba la edad, auqnue no coleccionara relojes, ni lo conociera ningun amigo mío.

Cuando me la encontré dos años mas tarde, estaba en una depresión atroz a causa del abandono de su novio no solo cuarentón, sino también pegalón. Le había destruido todo rastro de autoestima, prohibiéndole incluso tener un hijo, de todas las formas posibles.

Yo agradecí que
el innombrable jamás me hubiera humillado como había pasado con ella y su novio mayor. Con él, yo estaba descubriendo experimentar el sexo en todas sus formas. Y viví una época de la cual guardo el mejor de los recuerdos. A ella le sucedió todo lo contrario...

Sin embargo, a pesar del momento que pasaba, nada de lo petulante que había aprendido en los 6 años de facultad se le había quitado. Seguía hablando solamente de relojes, autos, casas, viajes…siempre de sus amigos. Yo seguía sin conocer ni hablar mucho de marcas ni de personas. Yo seguía siendo una antisocial que prefería no comentar las cosas que me pasaban en privado, ni sobre los viajes, ni la vida que yo sí vivía sin pedírmela de anécdotas de prestado.

Ella me hablaba atacándome, burlándose de mi vida aburrida, de mis escasas amistades interesantes. Yo me mordía los labios para no contestarle, aunque luego me fuera a dormir a la cama con la impotencia de no poder decirle que todo lo que ella hablaba de terceros yo lo estaba viviendo en directo. Solo quedaba respirar y seguir oyéndola, como si me importara esa vida “nice” y todos sus chismes agregados.

Hoy Mariana vino a verme, su cara parecía la de una mujer mucho mas adulta y triste que yo. Su voz seguía siendo fuerte y salpicada de groserías fashion. Su cuerpo antes voluptuoso, ahora era robusto y de hombros redondos. Nada de la falsa pituquería de antaño se le había quitado.
Sigue hablando de marcas de carteras y celulares, como si se le escaparan involuntariamente de la boca. Debo parecerle alguna suerte de monja que vive recluida en la casa paterna. Tengo que decirle que solo estoy de visita, que no pongo el consultorio aquí, para no tener que quedarme. Que aun no pierdo las esperanzas de volver a irme.

Me ha invitado a salir con sus amigos y una angustia extraña se ha apoderado de mi, hay cosas que no cambian. Creo que me voy a quedar sola, porque no me apetece volver a salir con nadie. Ella me mira con cierta lástima.
Te estás volviendo vieja- me dice.
Yo pienso lo mismo de ella, hoy vi algunas arrugas en su rostro, ojeras, lesiones de mujer adulta. Yo sigo teniendo la cara joven aunque en mis ojos hayan pasado siglos en dos años apenas. Pero no es solo ella, sus amigos, los temas de los que hablen y de los que yo tenga que verme excluida, es esa sensación de los 7 años de universidad en que ella me invitaba a salir en grupo y yo rechazaba las invitaciones, es esa facultad que yo tengo de preferir vivir en un risco a salir en grupo para beber con tíos mayores. De no querer mezclarme, como si eso lograra hacerme diferente.

A veces me siento como una especie de Florentino Ariza, teniendo que callar toda la vorágine de vida que viví estos años. Prefiriendo siempre cazar en solitario, enamorarme en solitario, conocer a alguien sin necesidad de un grupo bullicioso o una amiga parlanchina.
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****Dos Amigas/Lautrec
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