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Cuento sucio ( 9 )

Pilar se habia intentado matar muchas veces. Lo habia planificado tan bien que podia escribir un libro sobre ello. Tal vez por eso eligio el derecho como carrera. Para poder cubrir pistas y hacer a los crimenes perfectos. Por eso era buena en lo que hacia, por eso tan joven y el lugar en el que estaba.
Habia pasado los veranos de la adolescencia en Europa, jamas habia vuelto a casa.
Aun recordaba la hacienda Rondon y sus jardines amplios, los porches de blanca madera y las mucamas haciendolo todo. Recordaba la pionada yendo a las labores del campo, a su madre indicando el almuerzo, a sus hermanas con sombreros de paja para el sol de las 2 de la tarde, a ella delgada y con la piel sensible para caminar con sandalias apretadas.

Un dia toda esa vida tranquila de su infancia se habia apolillado en un recuerdo en gris y sepia.

Un dia la risa de su madre dejo de estar en los jardines y ya no hubo ningun motivo para volver a casa. Se quedaba en Lima durante la escuela y en España para las vacaciones. No era buena para el calor del norte, aunque extrañaba las extensiones de arroz recien plantado, como praderas verdes a sus paso.
Pero ni aun esos recuerdos frutados, la habian hecho apreciar la vida. Toda la adolescencia se la habia pasado pensando como morirse. Lo tenia todo y nada la hacia feliz.
Durante el breve tiempo de conocer a Enrick, el gringo desteñido que la habia hecho sentir demasiado civilizada para volver al norte arrocero del Peru y demasiado latina para vivir con el en Escocia, la vida fue dulce y tuvo alguna esperanza de encajar en la vida sin parecer una planta extraña, en medio del jardin de personas felices que veia a diario.

Habia llegado al Edificio de las Nazarenas por peticion de Enrick, alli vivirian con vista al mar incluida y jamas volveria a estar sola, alguien la abrazaria despues de sus pesadillas, alguien le pondria jabon en la espalda. Ese verano se casarian y alguien velaria por ella.
No tendria que volver al descalabro de la casa paterna ni a los fantasmas de la infancia. Finalmente habia un hombre que la amaba porque sabia lo que valia y todo lo que le habia costado ser la mujer que ahora era.

De eso habian pasado ya 4 años, en que ella dejo de sonreir de forma espontanea y se volvio a hundir en la melancolia usual que la acompaño toda la adolescencia. Estaba segura que ese febrero ambos vivirian juntos y el fantasma de su madre la dejaria de perseguir entre sueños de arroz, pero cuando Enrick jamas volvio para fijar la fecha exacta de la boda, cuando desaparecio de este mundo sin dejar rastro llevandose la mayoria de su dinero, ella supo que era como todos los anteriores. Como todos los hombres que habia conocido y el ser gringo no cambiaba ese hecho.

Sintio vergüenza de si misma por haber dejado exteriorizar sus sentimientos. Por haber llegado al edificio diciendo que el siguiente mes vendria "su esposo", un esposo aun inexistente que se habia marchado fuera de su vida, antes de instalarse en ella por completo.

Fue el 29 de febrero el dia en que ella volvio a intentar suicidarse y a tomar en serio la idea de que no habia nadie que pudiera atarla a este mundo.

Ese mismo 29 de febrero, Julio NN habia sido bautizado oficialmente como Eduardo Glez y acababa de nacer al mundo de los neo ricos. El ahora llamado Eduardo, ya tenia un nombre hecho en ese circulo de hombres sin ley, ya era dueño de su propio dinero, ganado a fuerza de hierro, polvo y sangre.
El era el unico que seguia vivo de todos lo que lo intentaron, tal vez porque a diferencia de los otros el no hacia esas cosas por placer o por deseo de aventura, lo hacia por dinero.
Era una forma de vida que no detestaba, solo lo mantenia en este mundo.

Y es que es inutil intentar suicidarte cuando estas todo el tiempo defendiendote de la vida.

Eduardo se habia defendido del mundo desde que llego a el.

El mundo no necesitaba sentido para seguir en el, solo era necesario pujar un poco mas hasta que todo le fuera dado por derecho propio. Por eso no habia caido en el vicio de los otros, por eso no queria alucinar con nada que lo sacara de aqui, el cumplia su parte del trato y dormia sin sueños.
Para despertar lucido en una ciudad en donde todos caminan dormidos.

El unico dia que Eduardo soño, fue ese 29 de Febrero. Ya conocia a Andrea y sus ojos azules. Andrea era una luz entre todos los demas locos con los que habia llegado al negocio. No entendia como alguien que podia tenerlo todo como ella, estuviera en el circulo. La sentia vital y fuerte, queriendo comerse el mundo como una fruta madura y el queria estar alli para darselo, ahoar tenia alguien por quien llegar hasta el fin, ahora no seria solo por dinero, seria por ella.

Sintio que la necesitaba desde que la vio la primera vez. Sintio necesidad de estar en su ser, de saber de que estaba hecha, Andrea le habia dado sentido a esa vida de descalabro que habia tenido hasta la fecha.

Lo que ignoraba Eduardo es que para hombres como el, cuando la vida cobra por fin sentido a traves de una mujer, solo pierden la cordura.

Febrero apenas comenzaba y mientras en el Edificio Las Nazarenas, una mujer palida intentaba otra vez suicidarse; en algun lugar de Lima un hombre soñaba en la rezaca de todo su poder recien ganado, dejar de ser un hijo de puta en la ciudad del caos y tomar toda la talla de un Eduardo Glez aun inexistente.
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