Mis tiempos de Marioneta

Las clases de arte en el colegio no fueron de mis favoritas. Cuando terminaron los cursos de dibujo en que nadie ataba y desataba decidieron poner talleres a eleccion. La mayoria eligio danza para poder tocarse y salir de gira por cualquier festividad a otros colegios o a otras ciudades. Las niñas bien se metieron a musica y cuerdas y yo y los demas inadaptados nos fuimos a teatro.

Yo amaba la danza, pero no la folclorica, si me hubieran dicho tango o samba aceptaba feliz, pero en general me es dificil seguir los pasos de los otros y trabajar en grupo. Al final hago todo a mi propio ritmo. Las cuerdas no eran mi fuerte, ya dije que mi oido no va y el teatro, bueno, el teatro era una forma de expresion que siempre me habia atraido.

El profesor no solo era joven sino tambien guapo, asi que las chicas de danza nos envidiaban por pasar las horas de arte con el. Yo a mis quince años tampoco me salvaba del despertar hormonal de su voz cerca cuando nos indicaba las posiciones en el escenario, pero como es usual, mi unica forma de amar es la conflictiva, asi que discutiamos por todo. Digo discutiamos, porque en un momento ya parecian peleas de novios en donde yo terminaba venciendo. Para un profesor joven y novato siempre sera algo intimidante la niña que parece saber de todo y es mas bromista que los chicos.

Yo era parte del grupo de teatro con todos los demas tullidos de la clase. Auellos con pie plano o cojera que no podian practicar danza, aquellas que tenian las manos torpes para las mandolinas y guitarras, aquellos timidos, los demasiado pequeños, los intelectuales que bailan con dos pies izquierdos. Ahi, en ese taller estabamos los perdedores que usabamos el uniforme de otra forma y que pareciamos demasiado atorrantes como para bailar de la manito.

Pero teatro tampoco fue facil. Un dia tuvimos que ensayar una obra infantil para una accion escolar. Yo rechinaba los dientes porque se trataba de unas marionetas que cobraban vida por la noche. Yo hacia bilis reclamando que un niño jams podia ser tan tonto como para creer ese tipo de estupideces ( a la mitad de la obra los niños tenian que interactuar con nosotros y ocultarnos del enmigo). Pero la fecha del estreno ya estaba fijada y a mi me toco el papel de Mrioneta Payasita...

Me consegui un traje de overol rojo y amarillo, una blusa de lunares azules, una peluca estridente con rulitos y una enorme nariz roja que me hizo mi padre. El dia del estreno, estabamos todos nerviosos. Se supone que era casi una obra circense en donde teniamos que iniciar bailando, caminando sobre zancos y echando fuego por la boca ( mi amigo Maycol ya tenia una faringitis por el alcohol que se toma cada vez que le salia mal el acto del lanzallamas) El profesor tambien tenia su papel de viejo avaro, que hizo a la perfeccion.

Cuando llegamos habian como cien niños de inicial esperando vernos. El tipo lo habia hecho a lo grande con luces y camaras incluidas. Contra todo pronostico negativo mio, los niños se creyeron completita la historia y a la mitad del acto, ya me tenian oculta debajo de las butacas, porque no querian " que el viejo malo se lleve a la marioneta Payasita " (demas esta decir que yo queria ser la marioneta bailarina o la marioneta rockera, pero el tipo se vengo conmigo dandome ese papel tonto ).

Al terminar de la obra todos estabamos felices excepto el profesor, que nos decia que habiamos tenido errores aqui y alla. Yo ese momento deje de amarlo por ser tan obtuso de no ver que los niños habian estado felices y credulos durante las casi dos horas que duro la historia. Recuerdo haberme ido con el mauillaje de payasita a casa porque no queria volver a verlo, me sentia decepcionada de que fuera tan insensible.

Años despues cuando trabajaba en el publo X al fin del mundo, volvi a los titeres ( tambien nos enseñaban a hacer titeres en el colegio) y fui feliz cada vez que teniamos alguna campaña con niños en los que yo era la voz de algun titere furibundo, o de la bruja de las golosinas. Era feliz cuando ibamos llevando nuestra casita de madera por los anexo vecinos y despues de la actuacion, dabamos chocolate y biscochos a los niños que asistian y a sus madres, casi niñas tambien que se quedaban con ojos enormes viendo como los muñequitos hablaban sobre los bichos en el agua cruda o que el carameloprovoca caries.

Era feliz cuando, terminada la actuacion, los niños me buscaban tras la cortina y me encontraban hecha nudos, despeinada y con ropa sport, guardando los titeres en mi bolsa de tela.
La doctorita! - gritaban y se acercaban a darme besitos y adejarme las mejillas cubiertas de caramelo o migas de pan dulce.

Y los gritos de las madres para que no me abrazaran con sus manistos sucias, para que no me agarraran los lentes, ni m e despeinaran mas, mientras salia de mi cubiculo dentro de la casa de titeres. Y yo sonreia, pensando que esa manitos sucias de polvo sobre mi, esos abrazos sinceros, esos besitos de caramelo, me limpiaban el corazon y me lograban hacer creer de nuevo, que ser medico en los confines del universo vale la pena. Que todas las clases de tetro valieron la pena y sonreia como lo hago ahora mientras recuerdo que cada vez que he sido titiritera, tambien he vuelto a ser niña.
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