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El Orlitano

Una vez conoci a un hombre de Orihuela, que se admiró el que yo supiera que su lugar de nacimiento fuera en España cerca a Valencia. Nos hicimos amigos sin pensarlo mucho, el hombre tenia 55 años y reia siempre en letras rojas que ponia con cierto desparpajo en los mensajes instantaneos.

- Hola Oriolana! - saludaba alegremente
-Hola Orlitano!- saludaba yo, como si fueramos viejos paisanos.

Conoci a ese hombre por casualidad y nos hicimos reir mutuamente, era una relacion extraña de padre huerfano y de niña abandonada, un nexo que unia mis ganas de morirme y sus ganas de demostrarme que valia la pena seguir adelante, mas cuando ambos teniamos muchas heridas en la piel por mostrarnos a cada minuto de conocernos. Las mias eran pequeñas, me sentia como en aquella escena de Tiburon en que el capitan y el biologo marino muestran sus enormes queloides de luchas titanicas con escuálos enormes y el protagonista tiene que ocultar avergonzado su pequeña cicatriz en el abdomen carente de cualquier gloria.

Eres bella, me decia. Bella de rostro y de alma, que nadie lo ponga en duda! Ya llegara tu principe azul y seras feliz mi niña...

Yo sonreia negándolo...eran tiempos en que me sentia un monstruo, en que me sentia sin valor para nada, la herida era reciente y yo me sentia la mujer mas despreciable del mundo por amar sin ser correspondida.
Un dia dejamos de reir y comencé a ser mas honesta. Le conte el porque de mis actitudes y silencios. Un dia llore frente a el y el dejo que llorara sin decirme ninguna palabra de conmiseración, solo llora- me decia- hazlo que cada lagrima que puedas derramar te hace bella. Al terminar de llorar tenia la promesa de mi torta favorita para mi cumpleaños y un cafe frente al mar.
Una torta de chocolate y castañas habia logrado hacerme sonreir sinceramente y desde el fondo del corazon.

El hombre se dedicó a mi, solo como un padre podria hacerlo. Yo me dedique a hacerlo sonreir, pues ese siempre ha sido mi fuerte: la charla rapida, la burla , el sarcasmo. Queria curarlo, el tenia el pecho partido en dos por un infarto reciente, la vida hecha añicos por una familia lejos y un inicio incierto en un pais nuevo para sus tipos de inversiones. Tenia todo en contra pero sonreia siempre.
Habia llegado al Peru huyendo de las penas que lo ataban a su España y le causaba ternura y alegria toda nuestra peruanisima naturaleza de chistes, comida sabrosa y mujeres morenas.

La semana antes de mi cumpleaños y de la prometida torta de chocolate junto al cafe frente al mar, a mi me dio una de mis crisis de histeria. Habia iniciado un monologo con el, que no supo interpretar, un monologo en que confesaba mi ultima vergüenza ante un hombre. Mi primera ante un desconocido. Yo comence a llorar ( en ese tiempo lloraba por todo, me dolia volver a confiar en la gente y ser decepcionada) y el hombre comenzo a pedir perdon a una niña de 25 que era impaciente con las personas. Yo segui llorando mientras el me explicaba que no habia sido intencional su falta de atencion, yo no entendia nada queria arrancarme de todo...el no pudo conmigo ( nadie puede) y se marchó.

Jamas lo volvi a ver, el mejor amigo que he tenido en mi vida se perdio en la muchedumbre y no volvio a insistir. Todas esas tardes hablando de su ciudad y del mar azul en la costa iberica se perdieron en un vago recuerdo. A pesar de todos mis intentos el Oriolano jamas volvio a mi, ni a hablarme de su tierra de mujeres guapas.

Cada vez que vuelvo a Lima, veo el mar azul desde la altura del malecón repleto de turistas y pienso en aquella tarta de chocolate, en aquel cafe, en aquella persona que me seco las lagrimas cuando no habia nadie que se acercara a una persona como yo, que andaba doliente por cosas imposibles de tener.
Por eso jamas he vuelto a pedir un cafe frente al mar. Creo que en el fondo de mi sigo esperando que mi viejo amigo aparezca entre la gente y me salude riendo como siempre:

- Hola Oriolana!
- Hola Orlitano...
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