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cuento sucio ( parte 16)

Eduardo camino toda la tarde buscando a Andrea por las calles de su corazón desolado. Guillermo tenía razón, ella era la culpable de todo, pero no podía sacársela de adentro. Camino en esa llovizna gris del invierno limeño y al llegar la noche ya no supo a donde ir. Los plazos se vencían y el no tenia nada, excepto deudas consigo mismo, culpas y alguno que otro resentimiento.

No supo en que momento de esa noche Pilar se le comenzó a pasear por la mente como un fantasma de su propia soledad. De alguna forma el tenerla cerca lo hacia sentir menos solo, cada canción desafinada en la terraza, cada paso suyo para acercársele trastabillando siempre en las palabras, cada vez que la veía llorar de lejos con la copa en la mano.
Pilar era como mirarse en un espejo…un espejo al que tendría que destruir para olvidarse de si mismo.
Por eso se lo había comentado a Guillermo, aunque pareciera solo un plan descabellado para hacerse de dinero fácil y no correr riesgo con el objetivo propuesto por Almeron y su gente. Necesitaban el dinero urgentemente y los hechos hablaban por si mismos. El apellido Rondon en Perú aun mantenía la fama de los millones robados durante el gobierno anterior y del escándalo por las elecciones fraguadas; Pilar y el resto de su familia eran parte de esa elite de beneficiarios y Eduardo no había pasado eso por alto desde que llego al edificio y supo que la Fiscal Rondón era su nueva vecina.

Ahora a mitad de la noche, sentía un extraño remordimiento por haber propuesto a Guillermo el cambiar de objetivo, cuando ya Almeron había enviado el video sobre el objetivo y el plan a ejecutarse.


Pilar- pensó Eduardo- en que maldita hora te cruzaste en nuestro camino Pilar”.
Entonces toco la puerta, se envolvió el lazo de cuero en la mano derecha y espero a que ella saliera.

Pasaron algunos minutos antes que la puerta se abriera y la luz naranja del salón iluminara la figura de Eduardo Glez parado en el umbral. Pilar estaba frente a el y se veía diminuta y frágil envuelta en la bata negra de bordados orientales. Por un momento Eduardo pensó que se veía casi tan frágil como Andrea la última vez que la vio. Pero los cabellos de Pilar estaban atados y algunos mechones ocultaban sus ojos negros y duros como dos escarabajos atrapados en sus cuencas. Eduardo se vio reflejado en ellos y se sintió nuevamente un niño cruel haciendo cosas de hombres.

Pilar lo vio ante ella ojeroso y triste; en medio de los efectos del vino ella lo percibió solo y quiso acogerlo en si. Pilar pudo haberse tirado en sus brazos, pero algo se lo impidió, tal vez ese pudor que era mal consejero cada vez que quería entregarse por amor a alguien.
“el sexo siempre es mas fácil- pensaba Pilar- lo realmente difícil es hacer el amor”

- Hola, quiero tu ayuda- pronuncio Eduardo fríamente- me dejas pasar?
- ¿Ayuda? ¿ Mía?- Pilar se sintió mareada- si claro, pasa- dijo mientras se apartaba de la puerta y dejaba pasar a la enorme figura de Eduardo a ese departamento al que jamás había entrado ninguno de sus eventuales amantes.
La música de opereta sonaba ahora en el salón y el avanzo hasta el centro de el, iluminado por las luces naranjas de las lámparas
encendidas, giro hacia ella con las manos empuñadas y se la quedo mirando sin decir nada.
Pilar tambaleante y con el cuerpo húmedo, lo miraba sin entender. Trato de tapar sus pechos abrazándose a la bata y le devolvió esa mirada larga de los que creen encontrarse después de una larga ausencia.
- disculpa ¿quieres una copa?- fue lo único que se le ocurrió a Pilar decir, después de un buen rato.
Eduardo asintió con la cabeza y ella fue por el resto de la botella de vino que debía estar aun junto a la tina del baño.

Pilar estaba ebria y el lo sabia por ese olor que emanaba de ella cuando abrió la puerta, por ese caminar torpe mientras salía del salón, por ese rubor en sus mejillas de niña/mujer, pero lo que mas delataba su ebriedad, era ese gesto sereno y de parpados caídos con el que lo había recibido. Ese gesto que le quitaqba la actitud defensiva de siempre.

Los ojos de Pilar eran negros, no como los azules de Andrea en donde Eduardo se zambullía y perdía la cordura…eran negros y duros, pero a pesar de ello parecían siempre unos ojos mojados, pidiendo ser secados.

Pilar volvió al salón con el cabello suelto y vio a Eduardo de espaldas mirando por la ventana cerrada, a la bruma invernal tragandose los edificios y las calles vecinas y convirtiendo a Lima en una ciudad fantasma. Pilar se quedo mirándolo y dejo la botella en el piso, no podía soportar mas tanta ansiedad, tantos meses permitiendo que el diera el primer paso. El estaba allí, en medio de su casa y estaba vez no dejaría que huyera de ella…lo atraparía con el amor que guardaba para el aunque el se negara a aceptarlo.

Entonces se abrió la bata y se quedo desnuda a sus espaldas sintiendo esa seguridad que le da a una mujer el saberse sin ropa. Cada vez que se desnudaba, Pilar era otra. Tomaba el control de todo y se sentía fuerte…decidida y sin culpas.

Pero era Eduardo, !demonios…no podía arruinarlo con el, no debia!

El encendió un cigarrillo junto a la ventana y Pilar perdió el valor que da saberse con la iniciativa, vio la bata a sus pies…era mejor ponérsela antes que Eduardo se diera cuenta de su osadía. Cogio la bata con prisa e intento cubrirse antes que el se diera vuelta.

- no te tapes, te ves mejor sin artefactos- dijo Eduardo aun de espaldas y apagando el cigarrillo en la ventana

Ella sintió electricidad en su piel y fuego en las mejillas al saberse descubierta
¡que necia! El la había visto todo el tiempo por el reflejo de la ventana. Toda su espera porque Eduardo diera el primer paso se acbaba de ir a la mierda!

- y el vino? – pregunto mientras se volvia hacia ella para verla de cerca
- aquí...- Pilar cogio la botella del piso y se acerco a el,desnudado el cuerpo, con la copa en la mano y la botella en la otra.

Temblaba mientras los ojos de Eduardo se detenían en cada pliegue y cada comisura sin maquillaje de una Pilar desnuda. Tomo la botella de sus manos y lleno la copa que permanecía en la mano de Pilar, vertió el vino desde su altura y el chorro sonó con todos sus ecos en su corazón desierto. Pilar emanaba humedad por sus esquinas ocultas
La copa siguió llenándose hasta llegar al borde, mientras Eduardo la miraba sin pestañear. Pilar vio la copa llenarse y rebalsar en su mano sin que Eduardo se detuviera. Cuando el vino mojo su mano, el tomo la copa y lamió su mano mojada como un cachorro a su dueño.
Cada dedo de Pilar fue besado por la lengua de Eduardo. Pilar gimió sin darse cuenta cuando el puso la lengua entre su dedo índice y el medio y fue cuando el levanto la cabeza y la vio del color del vino, con una piel transparente y unos ojos de universo incendiado. Tomo la copa llena y la derramo por su cuello y al igual que un vampiro, termino de beber allí la última gota del llanto de las uvas.
Pilar gimió una vez mas y se entrego a el sin poner remilgos ni hacer preguntas. Entonces comenzó la violencia usual de los que no saben como amarse sin hacerse daño. La violencia al amar de los que se sienten solos y encontrados.

Pilar quería llorar de emoción, sentía que era su ultima noche en este mundo...y probablemente no carecía de razón.


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