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Estrellitas y Duendes


De niña, mi padre nos llevaba al jardin trasero, colocaba una manta en el piso y hacia que todos nos acostaramos a ver las estrellas. En la costa es dificil ver una noche totalmente estrellada, pero cuando eso sucedia era una fiesta para los ojos. Yo veia a las estrellas parpadeando en el cielo y trataba de saber de que estaban hechas, o si habia estado ahi siempre, si estarian luego, si se movian cuando yo cerraba los ojos.

Imaginaba a la noche como un lienzo negro azulado que ocultaba detras suyo un enorme firmamento brillante, algun sol esplendoroso, al que eramos incapaz de ver. Pensaba que las estrellas eran sus brillos fizgones a traves de una noche rasgada. Siempre pense que detras de cada noche habia un cielo brillante que mis ojos no podian ver.

Ahora siento que la vida es igual. Todos hablamos de hallar la felicidad, de hallar amor, de encontrar alegria y esa idea nos vuelve impacientes y rabiosos cuando en general somos solo fantasmas arrastrando soledades y nostalgia. Fantasmas que vivimos quejandonos de un dolor que de una u otra forma nos une y nos hace humanos. ¿ que es la felicidad ? Acaso no es el brillo de una estrella diminuta en un firmamento negro?.
Los momentos de felicidad son tan escazos, tan esporadicos, tan pequeños, que solo los apreciamos cuando han terminado.

El 90 % de nuestro tiempo solo hay dolor, solo hay cosas que nos vuelven tristes, por eso cada momento de felicidad es una estrella encontrada, es una sonrisa que pareciera sempiterna. La felicidad que ansiamos volver a tener entre las manos se escapa siempre demasiado pronto. El primer beso en un aeropuerto, el abrazo en la ducha, las bromas tomando cafe. Salir a bailar, nadar mar adentro, saltar en una cama elastica...todos son momentos tan fugaces que recordamos a blanco y negro con una nostalgia del que parece siempre estar destinado a vivir en dolor.

El dolor que nos une, que nos hace fuertes, que nos permite escribir, cantar en voz alta y ser menos malos con los demas. Dicen que siempre buscamos dar aquello de lo que mas carecemos. Todos aqui somos personas buscando dar amor, buscando hacer brotar una sonrisa, una gota de vida en cuerpos que se pintan a si mismos cenicientos. Cada minuto aqui me recuerda que vale la pena todo ese dolor, todo ese cielo oscuro por la recompensa de ver una nueva estrella en mi cielo. Siempre ha valido la pena.

De niña pensaba que si subia a un lugar muy alto, un dia tocaria el cielo y lo razgaria con mi mano. Abriria todas su rendijas y dejaria ver al mundo esa brillantez oculta del otro lado. Me he pasado la vida corriendo hacia lugares altos, saltando sin exito para acabar con los cielos negros que ocupaban mi vida y poder ver por una vez toda esa luminosidad junta. Ahora se que el momento mas feliz de mi vida fue cuando solo me quedaba acostada en el jardin de mi casa mirando estrellas diminutas que parecian inalcanzables, pero que siempre estaban para mi cuando las necesitaba.

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