Arlequin


Sus ojos eran del color del vino y yo crei conocerle. Pense que toda esa sangre se le habia subido hasta empañarle el iris y hacerme comprender que aunque viviendo en mis sueños, tambien podia ser de carne y hueso.

Y navegamos juntos, en un mar de espanto, con valles y crestas bajo una luna fantasma. Navegamos en esa noche, donde no hay faro alguno y sabes que en ningun sitio habra costa que te reciba.

Su piel era color del pino y su textura de durazno. En el hablar podian olersele las tormentas del ayer, cada una de sus lagrimas mil veces saladas, mil veces tragadas. Y yo vi todo eso, mientras el me miraba, con esos color del vino, que me decian que no era un sueño, porque hasta en los sueños se sangra.

Lo vi caminando en su propia burbuja de colores y mi mundo fantastico de bufeos y estrellas despuntadas, se unio al suyo y le hable de mis sueños, de cada uno de mis llantos, de los paseos en bicicleta, de mi gusto por los helados. Y supe que me entendia, en esa boca torcida, remendada con los hilos de la experiencia. Se quedo callando, mientras me lo decia todo, en esos vasos retinianos que se llenaban de color borgoña y hacian sus ojos rojizos y vivos como los de un conejo.

Se acerco a mi, con su cuerpo remendado y no dijo nada, como en los sueños pasados, pero esta vez pude abrazarlo y rogarle como a un viejo muñeco de cama, que no me deje de abrazar hasta que la noche pase, hasta que se calme la tormenta, hasta que tenga el valor de llegar a una nueva costa y empezar de nuevo.

Y el derramo una de sus lagrimas color vino, sobre mi cara metida en sus axilas. Y supe que lloraba para que yo no lo hiciera. Mi burbuja de amores inventados, por la futilidad de su permanencia en mi alma, se unio a la suya y termino por romperse.

Y en ese mar encrespado, de olas negras y barcas fragiles, sucedio que mi alma se unio a la suya, a su piel de pino y manos de tafetan y ocurrio el milagro de percibirnos vivos, en ese oceano oscuro que convierte nuestros sueños en pesadillas.

El mar se calmo por un segundo y aunque al despertar ya no estaba , yo segui mirando a traves de su iris carmin, como la vida a veces es sangre cuando nacemos, pero solo toma el sabor del vino, cuando llegamos al fin.
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