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Cuento sucio (parte 4)

Eduardo ya llevaba un mes en el nuevo edificio, no hablaba con nadie, pero eso le agradaba. Nadie preguntandole nada, nadie para saludarlo, un dia se dejaria morir ahi y nadie sabria quien era o lo que hacia, lo cual para los fines legales era mejor, asi moria limpiamente y sin lios en la conciencia.

Lo unico que a Eduardo no le agradaba era la mujer que vivia al lado; una que otra vez se habia topado en las escaleras con ella y siempre tenia esa mirada huraña como reclamandole el hecho que se haya mudado alli. Era una mujer hasta cierto punto bonita, pero no lo suficiente. Jamas se podria comparar a la bella Andrea, por ejemplo; pero tenia lo suyo, tez palida, cabellos negros y ojos negros y huidizos. Una figura nada despreciable, pero todos los estigmas de ser una amargada o por lo menos alguien que estaba perdiendo la cordura.

La primera vez que la vio, fue fizgoneando por la ventana del segundo piso, se le veia bonita por un momento penso que era un fantasma de Andrea, por esa polera azul y el cabello en una cola. Pero no, luego se daria cuenta que su vecina de al lado la Srta. Pilar Rondon Arismendiz era una tia que no hablaba con nadie y con pesimo gusto para los autos, como lo demostraba ese auto Kia color champagne, que estacionaba junto al suyo.

Su vecina debia ser una de esas solteronas locas, porque no solo le arruinaba las horas de sueño poniendose a saltar como una cabra en el departamento de al lado con esas clases de gimnasia o karate, no sabia bien, porque igual se oian gritos y la voz de instructor diciendo " Seguí , seguí".

Luego lo de la musica oriental a las ocho de la noche lo volvia loco, ponia tanto volumen que a veces pensaba que esa mujer estaba intentando levitar al otro lado. Se daba cuenta cuando recibia el chifa delivery y al abrir la puerta estaba toda esa musica hindu del otro lado y ese olor a incienso en el pasadizo. El chino que repartia la comida incluso le habia preguntado si alli vivia algun guru...No que bah! solo vivia esa loca de la Rondon y su parafernalia budista.

La primera semana en el edificio de las Nazarenas, Eduardo habia intentado saber que clase de gente vivia en ese edificio privado. La mayoria trabajaban en bancos o eran arquitectos, tal vez por ello el diseño del edificio de 4 torres en donde los departamentos eran triplex con terraza incluida y que se comunicaban por pasadizos de vidrio con el otro edificio que en realidad venia a ser el mismo, solo lo separaba el estacionamiento del sotano.

Su vecina era fiscal adjunta o algo asi, era muy joven para serlo, pero en ese pais de dictablandas todo podia suceder y el apellido Rondon aun circulaba por boca de todos despues del escandalo de los votos robados. Tal vez ella era una de esa familia y habia ascendido a esa posicion mas por influencias que por talento, tal vez era una corrupta mas en ese pais de jueces comprados. Habia entrado al internet cuando iba a comprar el departamento, porque ambicionaba el del lado norte que poseia ella, pero le habian dicho que ese departamento no era sujeto a compra, aun seguia en litigio legal y quien lo poseia actualmente era la fiscal del tercer distrito. La cosa era obvia, esa mujer no tenia donde caerse muerta y estaba apropiandose de casas en litigio como era de moda entre los jueces de esta latitud.

A Eduardo le daba cierta lastima la mujer de al lado, siempre ejercitandose , trotando por las mañanas y con el karate por las tardes, como si fuera a participar en alguna pelicula de Van Damme. Todo el mes que habia estado alli, nadie habia ido a visitarla, lo sabia porque a veces la veia bebiendo en la terraza los sabados por la noche y con alguna que otra lagrima en el rostro.

Eduardo se habia dedicado a vigilarla, no tenia otra cosa que hacer. El negocio estaba estancado, no debia llamar la atencion por un par de meses...ante todos era el Ingeniero Glez, limpio de toda mancha, sin mujeres alrededor, ni vicios obvios.

Se sento en el amplio sofa de cuero negro y miro su nuevo departamento, nada de lo que habia alli era suyo. Las lamparas orientales eran de Andrea que no las habia podido llevar con ella a España. Y todos esos cuadros, aun empaquetados que el detestaba eran de Oliver...el cojudo de Oliver que no tuvo mejor idea que matarse cuando los descubrieron y él, Eduardo tuvo que llevarse todos esos cuadros a casa y aun no tenia valor para desempacarlos.

Pensaba que los debió haber dejado en el estudio de Oliver, pero no pudo, el olor a carne podrida lo habia inundado todo y probablemente la policia requisaria toda su obra como prueba para las futuras investigaciones. El decidió hacerse cargo, pagar la cremacion, el departamento y llevarse los cuadros a casa. Malditos abogados siempre lo terminaban complicando todo, el estaba huyendo de todo lo que significaban abogados y jueces y vino a caer justo al lado de ella. La Fiscal Pilar vecina suya, una dama que inspiraba lastima cuando la veia con sus inciensos tomando martinis en la terraza de al lado.
Pero no debia preocuparse, ella jamas descubriria quien era el; se rio para si mismo, el tipo mas buscado del Peru tenia la coartada perfecta viviendo al lado de una fiscal en el mismo edificio.

Se miro al espejo, debia cortarse esa barba candado, la odiaba...pero aun no, un par de meses debia seguir con ese rostro, hasta que el polvo se asentara y nadie supiera la verdadera identidad de Eduardo Glez y pudiera escapar a España a buscar a Andrea, para suplicarle que vuelva con el o para matarla.
Solo tenia que esperar unos meses y el volveria a buscar a Andrea y la encontraria aun debajo de las piedras. Se lo habia prometido.
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