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Cuento sucio ( 5)

Esa mañana amanecio algo soleada para ser Julio, Pilar sintio tibieza en el ambiente, tal vez fuera la calefaccion, o que habia dormido con las persinas abiertas, pero vio la habitacion mas clara. Ya habia pasado un mes desde que Eduardo vivia al lado de su casa y habia llegado a la conclusion que era gay. No se podia imaginar que ocurriera otra cosa, el tipo ni la miraba, durante las 4 semanas previas, solo lo habian venido a visitar hombres y todos a partir de las 11 de la noche. Su atuendo monocromatico no lo habia cambiado, a excepcion de las corbatas, que iban del blanco al fuccia que ella detestaba. Y ninguna mujer habia venido a lavarle la ropa, el muy afeminado parecia que cuidaba demasiado su ropa, para dejarla lavar por otras manos que no fueran las suyas.

Pilar estaba algo decepcionada de Eduardo, si al inicio lo habia visto como un gigante saliendo del auto color burdeo, luego se habia ido empequeñeciendo. Era extraño, pero el gigante del Sr. Glez habia comenzado a empequeñecer a su vista y en las ultimas ocasiones incluso lo veia a sus altura. Tal vez fuera algo mental, se dijo, pero ese Lunes el habia pasado a su lado y en el descanso de la escalera apenas si le sobrepasaba por algunos centimetros. Eduardo Glez se estaba empequeñeciendo y no eran ideas suyas, el gran gigante cobraba dimensiones reales.

Lo que no cambiaban eran esos ojos color miel en el fondo oscuro, una cara de arabe tirste, incluso con la nariz prominente y las cejas oscuras con la barbita de forma de candado y el cabello algo grasoso por la gomina matinal. Seguia siendo hermoso, pero algo en el habia cambiado para ella, lo veia como alguien que se acuesta con hombres, como un homosexual al que odiaba por no tener capacidad de amarla ni de fijarse en ella y toda su inteligencia o sensualidad. Pilar habia comenzado a destestar a Eduardo, visceralmente y a veces eso le provocaba llantos cuando miraba por la terraza su auto estacionado en el porton. Bebia el martini y se imaginaba al tipo haciendole el amor a otrso hombres entre lamparas orientales y pinturas gigantes.

Ella habia dejado de salir los sabados para poder espiarlo y saber si alguna mujer iba a su departamento, pero nada. Se asfixiaba de tanto incienso y musica estupida y se apoyaba en el balcon de la terraza a mirar los autos que pasaban por la zona, rapidos hacia algun club nocturno o un hotel de la ciudad. Ella en cambio sola y con la bata azulina, comprada en Montpellier, aguardaba a que Eduardo Glez se pusiera a hacer pesas y ese rag...rag del gimnasio le dijera, que el transpiraba y gemia de esfuerzo al otro lado de la pared.

A veces pensaba que amba a ese Eduardo, pero jams acepataria a un homosexual en su cama. Su terapista le habia hecho saber que ella tenia algo homofobico en su interior desde que le conto que de niña se acostaba con las mucamas de la enorme mansion Rondon y dejaba que la besaran en la cara y el cuello, mientras susurraban te amo ... Ella apenas si tenia 6 años y aunque sentia un miedo extraño cuando la mucama de 16 se la llevaba a la habitacion del jardin de atras para decirle que jugaran a los recien casados, tambien le gustaban esos abrazos y esos besos, de los que vvio en orfandad el resto de su vida. Era algo ironico que la unica vez que sintio amor verdadero fue en lo s brazos de otra mujer, cuando solo era una infante. Ironico pensaba y las lagrimas se le escurrian en la copa de martini.

Esa mañana clara en medio del invierno de Julio o de su Juillet como aun recordaba de sus veranos en Francia, ella desperto tranquila y con una calidez extraña. Despues de haber perdido la esperanza con su vecino gay, ella la habia recobrado y estaba decidida a volverlo hombre y si no podia...Joder! si no podia, ella le hacia caso a su terapeuta y se buscaba una lesbiana, para dejar de seguir negandose al amor o a su sexualidad oculta!



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